Ñuqanchik: primer noticiero en quechua del Perú

Desde diciembre está en el aire de TV Perú y Radio Nacional del Perú Ñuqanchik (Nosotros, en castellano) el primer noticiero de noticias en idioma quechua del país. El Perú es una nacion multilingüe y por tato multicultural, que incluye al menos más de cincuenta lenguas originarias. El quechua es de todas la que más hablantes cuenta. Se estima que el número de hablantes supera los 4 millones de peruanos. Hay al menos cinco versiones de esta lengua que se habla en el país, preferentemente en la región central del mismo. La salida al aire de Ñuqanchik ha cobrado significativa dimensión tanto en el Perú como en el exterior.   En la Argentina el quechua se habla centralmente en la provincia de Santiago del Estero.  En la Argentina, el intento oficial de promover un canal de televisión abierta en lengua originaria no tuvo el éxito pretendido debido a la falta de recursos económicos. El caso de Wall Kintun TV en San Carlos de Bariloche, a quien se le otorgó una licencia para emitir por Canal 8, ha sido la primera señal de relevancia administrada por pueblos originarios.

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Equipo de Ñuqanchik

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Presencia del quechua en el Perú

Para reforzar visiones previas, Twitter es una gran ayuda

Twitter es una cámara de resonancia en el plano de la información periodística y la comunicación política. Eso es lo que sostiene una investigación desarrollada en Gran Bretaña por la consultora Demos a lo largo del año 2016, que es por demás aclarar que tuvo un fuerte contenido político a nivel global, quizás el mayor desde el comienzo de la caída de la Unión Soviética y el fin del socialismo real en la mayor parte del Este de Europa. El estudio liderado por Alex Krasodomski-Jones partió de una muestra de algo más de 2000 cuentas de Twitter de británcos. Los usuarios de Twitter en el Reino Unido tienden a interactuar con otros que comparten sus ideas políticas así como distribuir información que retroalimenta sus ideas. El informe muestra que a mayor radicalización política del usuario, mayor tendencia a tener una actitud centrífuga en Twitter. En vez de seguir el viejo postulado de Anthony Downs según el cual las posiciones políticas de partidos y votantes tienden a buscar el centro cuando la información acerca de lo público es poco costosa – como es el caso de las redes sociales. En Twitter se observa que las personas con posiciones que tienden a su radicalización estimulan esta acción. Este estado de cosas se da en un contexto donde los medios mainstream (“institucionales”) tienen cada vez menor influencia. El estudio supone una objeción seria acerca de que las redes sociales promuevan el diálogo y el alcance de consensos en la sociedad, al mismo tiempo que fomentan los compartimentos estancos. El trabajo final puede verse aquí.

demos-twitter-echo-chamber-1Usuarios de Twitter tienden a distribuir noticias acorde a su perspectiva política

demos-twitter-echo-chamber-2Usuarios de Twitter tienden a reenviar tuits que refuerzan su posición política

El periodismo en Estados Unidos: aturdido y confundido

Dazed and confused (Aturdido y confundido) es uno de los temas del álbum debut de Led Zeppelin que ilustra bien el estado de situación del periodismo en los Estados Unidos que es hoy un hormiguero pateado.  La elección de Donald Trump y la descripción de la comunicación política a partir de lo que denominó la Era de la Posverdad ha desbordado la discusión acerca de los fundamentos del periodismo norteamericano de posguerra, fundado en un criterio de prácticas profesionales que derivan en los modelos de watchdog (perro guardián) y gatekeeper (edición). El 31 de enero pasado se realizó una jornada de exposiciones en la Universidad de Harvard donde periodistas de diversos medios expusieron sobre el estado de situación de la profesión en el país. El evento contó con la organización del Shorenstein Center on Media, Politics, and Public Policy y la Nieman Foundation for Journalism. Las conclusiones muestran un escenario de fragmentación que ya estaba presente; el año 2016 lo que ha hecho es mostrarlo de modo crudo. El criterio de qué es un periodista profesional, el papel de la tecnología, la definición de ética periodística, la relación con las audiencias son algunos de los tópicos que hoy son más borrosos que un año atrás. Hay una sensación de desconcierto de cómo actuar profesionalmente frente a un estado de cosas no previsto por los manuales. Por la difusión global que ha tenido el modelo profesional norteamericano, el desconcierto hoy se proyecta a nivel mundial, incluso en la Argentina.

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Hoy, la película “Todos los hombres del presidente” generaría gran controversia tanto sobre el perfil del periodista así como sobre el papel del Washington Post

“Fake News/Noticias Truchas”: su probable desembarco en un año electoral

La victoria del republicano Donald Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses arrastró como un dato sobresaliente la existencia de las llamadas “fake news” o noticias falsas. Supuestamente, la proliferación de estas “fake news” en las redes sociales por parte de los republicanos  – o de un sector duro de ellos – tenía como finalidad esparcir noticias que desprestigiaban a los candidatos demócratas, a figuras del ideario progresista (“liberal“), o bien a los “blancos” del discurso de Trump (hispanos, musulmanes, etc.). El sitio de noticias que estuvo – y está en el tapete – es Breitbart News, el mascarón comunicativo del sector denominado “derecha alternativa” (Alternative Right o Alt Right). Mucho se ha escrito sobre el tema. Desde el momento que la proliferación de estas noticias falsas afectan las condiciones en que un ciudadano toma sus decisiones en el contexto de una sociedad democrática, se ha intentado subsanar el problema. Una de las vertientes es identificar a las así denominadas “fake news. Así, un visión “optimista” asume que hay pasos para tratar de chequear si la noticia es creíble: que el medio sea reconocido por su calidad periodística, que figure el nombre del autor del artículo, si la calidad del dieño de la página online es sólida, si hay perspectivas contrapuestas en el artículo, por citar algunos recomendables. Otra vertiente “optimista”, pero de caracter activo plantea minar de base la economía de los sitios de noticias falsas. Una estrategia para ello es hacer capturas de pantalla donde el banner del anunciante esté junto a la noticia falsa, preferentemente donde el margen de duda de incitación al odio sea mínimo; luego, enviarla imagen de la empresa o difundirla por redes sociales cosa que afecte el valor de marca de la misma. Esto supone un grado de activismo no menor en el cual difícilmente ingrese el ciudadano corriente. En Estados Unidos lo realiza el grupo activista Sleeping Giants. Las versiones “pesimistas” pasan por considerar que el supuesto iluminista de una sociedad democrática que permita la emancipación de sus ciudadanos a la Jürgen Habermas, es sólamente considerable en el plano normativo, pero que es extremadamente improbale de ser reconocible en una sociedad done los grupos se apretujan entre sí para imponer al juego mazos de cartas marcadas. Esta perspectiva plantea si hemos llegado al fin del periodismo “profesional”, ya que el flujo de la comunicación está marcado inexorablemente por la adscripción partidaria, lo “militante”, lo “partisan. Estaríamos en el mundo de la posverdad, donde toda afirmación es cuestionable, donde no existe condiciones de diálogo ya que todo enunciado en definitiva puede no ser cuestionado. Es el mundo Humpty Dumpty – el huevo parlanchín sentado en su muro, donde lo que prima quien es el que da sentido a las palabras del Jabberwocky. Así, no hay enunciado que tenga autoridad a partir de cierto marco de normas producto de un nivel apreciable de consenso ni grupo legítimo que pueda sostener una argumentación: cualquier cosa es falsa y no lo es, ya que no hay patrones consensuados para contrastar lo afirmado. Todo “hecho” puede reclamar la postulación de su “hecho alternativo”, casi como una partícula puede tener su antipartícula, poniendo bajo tensión los límites del pluralismo político.

En la Argentina comienza un año electoral. En vista de lo “exitoso” del experimento comunicacional implementado por Donald Trump, no sería extraño el desembarco masivo de sitios que traten de implementar algo semejante en las Pampas. El conflicto reciente en torno al Conicet permitió confirmar que las redes sociales no son paraísos idílicos comunicativos, sino que los grupos organizados están presentes tanto en las redes como en las calles (la asimetría en el uso de Twitter en la Argentina ya fue planteado oportunamente en un artículo de Mariano Ure y Martín Parselis). Por lo tanto, no es de extrañar a que en las discusiones políticas de este año que comienza asistamos a la proliferación de sitios, encuestas, “centros de estudios” y perfiles opacos de redes sociales cuyo objetivo será esparcir “noticias truchas” para descalificar adversarios y empastar el debate político, si es que logramos que este pueda al menos esbozarse.

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En la era de la posverdad quien importa es aquel quien fija las reglas

En Estados Unidos, el 2016 fue un antes y un después para los medios

Sobre el cierre del año 2016, de los artículos que destacamos que hagan un resumen del año es uno publicado en Wired. Con el título “2016: The Mainstream Media Melted Down As Fake News Festered” la nota resume lo sucedido en la campaña presidencial en Estados Unidos que mostró la pérdida de influencia de los medios tradicionales y el efecto pervertidor del sistema de las noticias falsas. Para Wired asistimos a un consumo de periodismo de carácter “tribal” fundado en una actitud “militante” (partisan). La decisión del presidente electo Donald Trump de utilizar a Twitter y Facebook para desprestigiar a los medios “institucionales” ha desplazado el escenario del periodismo y la comunicación política. Es de esperar que lo siga haciendo a partir del 20 de enero próximo cuando jure como presidente de Estados Unidos. Según Wired, el año 2016 supuso el desmatelamiento de los medios tradicionales de Estados Unidos. No es poca cosa.

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Para los militantes de Donald Trump, los medios mainstream o “corporativos” quieren controlar al pueblo norteamericano

Murdoch quiere controlar Sky en una jugada dudosa

El magnate de medios Rupert Murdoch ha lanzado una propuesta para que su empresa Fox pase a controlar definitivamente el servicio de televisión paga Sky. Con este movimiento, Murdoch conformaría el mayor conglomerado de medios de Gran Bretaña. El sindicato de periodistas del país, National Union of Journalists, ha advertido que aprobar esta compra afectaría al sistema democrático británico. Al mismo tiempo se pone en duda sobre la movida de Murdoch. En este sentido, Murdoch pasaría a controlar una empresa que está en caída, ya que el negocio de la televisión se ha corrido hacia servicios de streaming como Netflix o Amazon. Por lo tanto, este avance supondría tener que sortear hoy la aprobación de autoridades regulatorias para un negocio que a futuro podría estar lejos de ser redituable. Murdoch preciera que sigue martillando sobre un negocio conocido, pero con menor margen de futuro.

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La transmisión del fútbol británico, emblema de Sky, está en caída por la competencia del streaming

Media Literacy, una materia pendiente para construir ciudadanía

La proliferación de sitios con noticias falsas a lo largo de la campaña presidencial norteamericana, sumado a que Facebook y Google ocupan un lugar relevante en el acceso a la información por vía digital, han puesto en el centro de la escena cuál es la calidad de los contenidos periodísticos que consumen los ciudadanos. Dos estudios con adolescentes, uno en la Argentina y otro en Estados Unidos, muestran la “ingenuidad” con que este sector de la población consume contenidos online. En la Argentina, según un estudio denominado “Las nuevas brechas digitales” desarrollado por Microsoft, los adolescentes se basan en el primer link de Google para hacer la tarea. Al mismo tiempo, consideran que el 50% de lo que está en la web es verdadero o confiable. En Estados Unidos, un estudio de la Universidad de Stanford titulado “Evaluating Information: The Cornerstone of Civic Online Reasoning” reveló que los adolescentes no pueden distinguir una noticia falsa de alguna con visos de veracidad.  Esta actitud no se limita sólamente al segmento de los adolescentes, sino que abarca a grandes sectores sociales que tienen una actitud incauta hacia los contenidos difundidos por los medios. Ante este estado de cosas, en un artículo en el Huffington Post, Nick Robins-Early propone nueve pasos para enfrentarse a un contenido periodístico y mantener un espíritu crítico. Estos son:

  1. Leer más allá del título. No quedarse en este. Avanzar en el contenido del mismo.
  2. Chequear que sitio publicó el link. Un sitio reconocido ofrece mejores probablidades que los datos hayan sido corroborados previamente.
  3. Chequear cuándo fue publicado el artículo. Muchas veces el artículo es viejo y el contenido ha perdido actualidad.
  4. Fijarse quién es el autor. Alguien que lo firma permite monitorear si el autor es creíble o no.
  5. Fijarse que links son utilizados.
  6. Chequear si las citas son falsas o si las fotos han sido editadas o sacadas de contexto para fortalecer el contenido de la noticia falsa.
  7. Desconfiar de los contenidos que tienden a confirmar la orientación previa. El uso emocional de textos e imágenes puede ser usado para fortalecer preconceptos previos presentes en los públicos.
  8. Buscar si la noticia también fue publicada en otros sitios, en lo posible de distinta orientación editorial.
  9. Pensar antes de compartir la noticia. Antes de expandirla por redes sociales, conviene dejar pasar un tiempo para saber si la misma se sostiene.

Estas recomendaciones responden a una orientación en los estudios de comunicación denominado Media Literacy. El hecho que no haya una traducción aún consensuada en castellano muestra a las claras el poco desarrollo que este tipo de perspectiva ha adquirido en la Argentina y América Latina.  Media Literacy tiene sentido en un contexto donde hay una ciudadanía activa dispuesta a estar abierta a tener una perspectiva personal acerca del estado de las cosas que la rodean. Difícil de alcanzar esto en una sociedad  fragmentada en compartimentos estancos y polarizada políticamente, rasgos propios de una Era de la Posverdad. Este segmento de la ya clásica serie Batman (en inglés original, pero con subtítulos en portugués), donde el personaje del Pingüino y el propio Batman debaten por televisión en una campaña electoral por ser alcalde de Ciudad Gótica, muestra con humor como los contenidos de los medios pueden ser tergiversados y manipulados.

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Los contenidos en los medios deberían ser chequeados por los ciudadanos