Archivo de la categoría: Argentina

Twitter tampoco es espacio cívico en Chile

Una investigación reciente realizada en Chile muestra que los precandidatos presidenciales no dialogan con los ciudadanos en Twitter. Un trabajo realizado por el think tank Tren Digital de la Facultad de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica de Chile y la agencia MediaInteractive a propósito del uso de Twitter por parte de los precandidatos a presidente del país durante la campaña de las primarias tiene como una de sus conclusiones la escasa interacción de los candidatos con sus ciudadanos en la mencionada red social. En este sentido, Twitter es usado unidireccionalmente y con un criterio analógico. Este estudio es similar a los desarrollados en la Argentina por Mariano Ure y Martín Parselis, donde muestran que los medios tradicionales tienen ese tipo de comportamiento (Argentine Media and Journalists Enhancing and Polluting of Communication on Twitter);  y por Ernesto Calvo acerca del caso Nisman, donde los usuarios de Twitter tienden a agruparse en campos de pertenencia afines. Democracia deliberativa del siglo XXI, ágora del ciberespacio, democracia participativa en red, … muy, muy lejos de lo existente.

En Chile el diálogo entre candidatos y ciudadanos no pasa por Twitter

Anuncios

Cómo es el consumo de noticias digitales en la Argentina

El Reuters Institute de la Universidad de Oxford acaba de publicar su informe anual sobre las noticias en el campo digital (Reuters Institute Digital News Report 2017). El informe es extenso e incluye datos a nivel global. Dada la enorme cantidad de datos en este caso nos focalizaremos en el caso argentino. En primer lugar, la Argentina es un país donde la suscripción por contenidos periodísticos tiene baja presencia frente a casos como Noruega o Suecia, pero se encuentra en los mismos niveles que Francia, Alemania o Gran Bretaña.

Los públicos de los países de América Latina están al tope en cuanto a compartir noticias. Chile y Brasil están al tope, mientras que Argentina y México les siguen de cerca.

El público argentino es el que menos confianza tiene en las noticias entre los países latinoamericanos considerados. Asimismo,es el país donde se percibe que las noticias están más influenciadas por la política y las empresas.

En cuanto al dispositivo usado para acceder a las noticias, la Argentina junto con Brasil son los países que prefieren una computadora. La Argentina es el país en el cual menos se utiliza un smartphone para informarse.

En cuanto al consumo de medios “tradicionales” se destacan las marcas del Grupo Clarín (TN Todo Noticias, Clarín, Radio Mitre).

La posición del consumo de medios del mismo grupo es más sólida en cuanto noticias digitales. es interesante que aquí asoman tanto portales globales como regionales del Interior de la Argentina.

En cuanto al consumo de noticias el campo online en su totalidad – incluye redes sociales – está al tope. Le siguen las redes sociales, la televisión, la prensa gráfica y la radio en ese orden.

Finalmente, Facebook es la red social domimante en el país, tanto para el consumo de noticias, como para interacción en general.

Según FOPEA, el 2016 fue un año negro para los puestos de trabajo periodísticos

El Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), la organización de periodistas más representativa de la Argentina, ha producido un informe sobre el estado de la situación laboral de los periodistas en el país. El resultado es catastrófico. El trabajo encabezado pr Vanina Berghella y Gabriel Michi muestra que en el año 2016 se perdieron aproximadamente 1500 puestos de trabajo en el país, al menos en puestos de trabajo directos y registrables. El sentido del informe tenía  como objetivo concoer si los cambios tecnológicos que afectan los soportes de los medios periodísticos que han generado disminución sobre los puestos de trabajo a nivel global tenían el mismo efecto en el país. Los datos no son claros, ya que en la Argentina se sumó una variable que fue el cambio de gobierno en diciembre de 2015. Como una porción significativa de los medios argentinos se financian con pauta oficial, un cambio de gobierno es un factor clave que hace a la continuidad de un medio o no. Al margen de estas consideraciones, el panorama es sombrío para lso periodistas y sus familias.

El informe de FOPEA es más que preocupante

El año 2016 no fue un buen año para la libertad de prensa

Asociaciones de periodistas y think tanks globales que monitorean el estado de libertad de expresión y de prensa mantienen una actitud pesimista sobre el estado de la cuestión en los informes del año 2017. El 3 de mayo se celebra el Día de la Libertad de Prensa a nivel global según lo establecido por la UNESCO y es oportunidad para la publicación de este tipo de informes.  Reporters sans Frontières (RSF), el Committee to Protect Journalists (CPJ) y Freedom House no auguran un mundo fácil para los perodistas y los medios de comunicación. La asunción de Donald Trump ha puesto en el centro de la escena a Estados Unidos, habida cuenta de la actitud hostil hacia el periodismo que ha mostrado el nuevo presidente norteamericano. Esto aún no ha sido incluido en los informes presentes. En el caso de América Latina, los diversos informes manifiestan unanimidad de rescatar a los casos de Costa Rica, Uruguay y Chile como los más favorables de la región. En el otro extremo, México, Honduras, Venezuela y Cuba son los países donde se regsitran las peores condiciones de practicar el periodismo. La Argentina se destaca por haber mejorado las condiciones en el último año.

Estado global de la libertad de prensa para Reporters sans Frontières (RSF).

Periodistas asesinados en 2017 según el Committee to Protect Journalistas (CPJ).

Países libres (verde), parcialmente libres (ocre) y no libres (azul) en materia de libertad de prensa.

Para Freedom House, la Argentina fue uno de los pocos países que registró mejoras en la libertad de prensa en el año 2016.

Tendencia histórica de la libertad de prensa para Freedom House.

Estado del periodismo en América Latina

La Konrad Adenauer Stiftung publicó un nuevo trabajo sobre el periodismo, esta vez, de América Latina. Este libro reciente lleva el título de “El periodismo por los periodistas. Perfiles profesionales en las democracias de América Latina” y fue editado por Adriana Amado, cuenta con el prólogo de Silvio Waisbord y se funda en los resultados del grupo internacional de investigación Worlds of Journalism. Los países incluidos en este libro son Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Chile, Ecuador, El Salvador, México y Venezuela. Se entrevistaron 2789 periodistas entre el año 2103 y el 2015. El promedio de edad del periodista es de 35 años y el 60% son hombres. El 71% cuenta con títlo universitario al menos de grado. El 88% trabaja en medios “tradicionales”, mientras que el 13% lo hace en medios online. El 85% trabaja en medios privados y sólo el 29% tiene membresía en alguna asociación profesional. El 68% considera que tiene libertad para escribir las noticias. A continuación, tablas con algunos datos agrupados.

“Fake News/Noticias Truchas”: su probable desembarco en un año electoral

La victoria del republicano Donald Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses arrastró como un dato sobresaliente la existencia de las llamadas “fake news” o noticias falsas. Supuestamente, la proliferación de estas “fake news” en las redes sociales por parte de los republicanos  – o de un sector duro de ellos – tenía como finalidad esparcir noticias que desprestigiaban a los candidatos demócratas, a figuras del ideario progresista (“liberal“), o bien a los “blancos” del discurso de Trump (hispanos, musulmanes, etc.). El sitio de noticias que estuvo – y está en el tapete – es Breitbart News, el mascarón comunicativo del sector denominado “derecha alternativa” (Alternative Right o Alt Right). Mucho se ha escrito sobre el tema. Desde el momento que la proliferación de estas noticias falsas afectan las condiciones en que un ciudadano toma sus decisiones en el contexto de una sociedad democrática, se ha intentado subsanar el problema. Una de las vertientes es identificar a las así denominadas “fake news. Así, un visión “optimista” asume que hay pasos para tratar de chequear si la noticia es creíble: que el medio sea reconocido por su calidad periodística, que figure el nombre del autor del artículo, si la calidad del dieño de la página online es sólida, si hay perspectivas contrapuestas en el artículo, por citar algunos recomendables. Otra vertiente “optimista”, pero de caracter activo plantea minar de base la economía de los sitios de noticias falsas. Una estrategia para ello es hacer capturas de pantalla donde el banner del anunciante esté junto a la noticia falsa, preferentemente donde el margen de duda de incitación al odio sea mínimo; luego, enviarla imagen de la empresa o difundirla por redes sociales cosa que afecte el valor de marca de la misma. Esto supone un grado de activismo no menor en el cual difícilmente ingrese el ciudadano corriente. En Estados Unidos lo realiza el grupo activista Sleeping Giants. Las versiones “pesimistas” pasan por considerar que el supuesto iluminista de una sociedad democrática que permita la emancipación de sus ciudadanos a la Jürgen Habermas, es sólamente considerable en el plano normativo, pero que es extremadamente improbale de ser reconocible en una sociedad done los grupos se apretujan entre sí para imponer al juego mazos de cartas marcadas. Esta perspectiva plantea si hemos llegado al fin del periodismo “profesional”, ya que el flujo de la comunicación está marcado inexorablemente por la adscripción partidaria, lo “militante”, lo “partisan. Estaríamos en el mundo de la posverdad, donde toda afirmación es cuestionable, donde no existe condiciones de diálogo ya que todo enunciado en definitiva puede no ser cuestionado. Es el mundo Humpty Dumpty – el huevo parlanchín sentado en su muro, donde lo que prima quien es el que da sentido a las palabras del Jabberwocky. Así, no hay enunciado que tenga autoridad a partir de cierto marco de normas producto de un nivel apreciable de consenso ni grupo legítimo que pueda sostener una argumentación: cualquier cosa es falsa y no lo es, ya que no hay patrones consensuados para contrastar lo afirmado. Todo “hecho” puede reclamar la postulación de su “hecho alternativo”, casi como una partícula puede tener su antipartícula, poniendo bajo tensión los límites del pluralismo político.

En la Argentina comienza un año electoral. En vista de lo “exitoso” del experimento comunicacional implementado por Donald Trump, no sería extraño el desembarco masivo de sitios que traten de implementar algo semejante en las Pampas. El conflicto reciente en torno al Conicet permitió confirmar que las redes sociales no son paraísos idílicos comunicativos, sino que los grupos organizados están presentes tanto en las redes como en las calles (la asimetría en el uso de Twitter en la Argentina ya fue planteado oportunamente en un artículo de Mariano Ure y Martín Parselis). Por lo tanto, no es de extrañar a que en las discusiones políticas de este año que comienza asistamos a la proliferación de sitios, encuestas, “centros de estudios” y perfiles opacos de redes sociales cuyo objetivo será esparcir “noticias truchas” para descalificar adversarios y empastar el debate político, si es que logramos que este pueda al menos esbozarse.

humpty-dumpty

En la era de la posverdad quien importa es aquel quien fija las reglas

Media Literacy, una materia pendiente para construir ciudadanía

La proliferación de sitios con noticias falsas a lo largo de la campaña presidencial norteamericana, sumado a que Facebook y Google ocupan un lugar relevante en el acceso a la información por vía digital, han puesto en el centro de la escena cuál es la calidad de los contenidos periodísticos que consumen los ciudadanos. Dos estudios con adolescentes, uno en la Argentina y otro en Estados Unidos, muestran la “ingenuidad” con que este sector de la población consume contenidos online. En la Argentina, según un estudio denominado “Las nuevas brechas digitales” desarrollado por Microsoft, los adolescentes se basan en el primer link de Google para hacer la tarea. Al mismo tiempo, consideran que el 50% de lo que está en la web es verdadero o confiable. En Estados Unidos, un estudio de la Universidad de Stanford titulado “Evaluating Information: The Cornerstone of Civic Online Reasoning” reveló que los adolescentes no pueden distinguir una noticia falsa de alguna con visos de veracidad.  Esta actitud no se limita sólamente al segmento de los adolescentes, sino que abarca a grandes sectores sociales que tienen una actitud incauta hacia los contenidos difundidos por los medios. Ante este estado de cosas, en un artículo en el Huffington Post, Nick Robins-Early propone nueve pasos para enfrentarse a un contenido periodístico y mantener un espíritu crítico. Estos son:

  1. Leer más allá del título. No quedarse en este. Avanzar en el contenido del mismo.
  2. Chequear que sitio publicó el link. Un sitio reconocido ofrece mejores probablidades que los datos hayan sido corroborados previamente.
  3. Chequear cuándo fue publicado el artículo. Muchas veces el artículo es viejo y el contenido ha perdido actualidad.
  4. Fijarse quién es el autor. Alguien que lo firma permite monitorear si el autor es creíble o no.
  5. Fijarse que links son utilizados.
  6. Chequear si las citas son falsas o si las fotos han sido editadas o sacadas de contexto para fortalecer el contenido de la noticia falsa.
  7. Desconfiar de los contenidos que tienden a confirmar la orientación previa. El uso emocional de textos e imágenes puede ser usado para fortalecer preconceptos previos presentes en los públicos.
  8. Buscar si la noticia también fue publicada en otros sitios, en lo posible de distinta orientación editorial.
  9. Pensar antes de compartir la noticia. Antes de expandirla por redes sociales, conviene dejar pasar un tiempo para saber si la misma se sostiene.

Estas recomendaciones responden a una orientación en los estudios de comunicación denominado Media Literacy. El hecho que no haya una traducción aún consensuada en castellano muestra a las claras el poco desarrollo que este tipo de perspectiva ha adquirido en la Argentina y América Latina.  Media Literacy tiene sentido en un contexto donde hay una ciudadanía activa dispuesta a estar abierta a tener una perspectiva personal acerca del estado de las cosas que la rodean. Difícil de alcanzar esto en una sociedad  fragmentada en compartimentos estancos y polarizada políticamente, rasgos propios de una Era de la Posverdad. Este segmento de la ya clásica serie Batman (en inglés original, pero con subtítulos en portugués), donde el personaje del Pingüino y el propio Batman debaten por televisión en una campaña electoral por ser alcalde de Ciudad Gótica, muestra con humor como los contenidos de los medios pueden ser tergiversados y manipulados.

batman-pinguino-debate

Los contenidos en los medios deberían ser chequeados por los ciudadanos