Archivo de la categoría: Ética

Claas Relotius: el nombre que socava la credibilidad del periodismo alemán

El periodismo está siendo sacudido por un escándalo más sobre falsificación de notas periodísticas, esta vez en Alemania.  El caso del fraude del periodista de Der Spiegel Claas Relotius es de una magnitud importante, por no decir grave. La revista semanal de Hamburgo es una de las publicaciones más influyentes – quizás la más – del principal país de Europa. Es muy probable que si esto hubiera sucedido en Le Monde, The Economist o El País, la reacción hubiese sido radicalmente diferente en la Argentina; por el contrario, el impacto fue bajo. Relotius recibió en 2014 el premio CNN al mejor periodista en idioma alemán; en el año 2017 fue premiado por el European Press Prize. A principios de diciembre, Relotius obtuvo el premio a la mejor nota, distinción ootorgada por el Reporter Forum, una organización integrada por periodistas (un equivalente a FOPEA).

Relotius al recibir un premio de la CNN

El caso Relotius generó una protesta del embajador norteamericano en Alemania, quien acusó a Der Spiegel de tener una actitud antinorteamericana a raíz de las notas publicadas por el periodista. Las sospechas saltaron  a partir de una serie de crónicas sobre los migrantes en la frontera entre México y Estados Unidos. Juan Moreno, quien coescribió con Relotius estas crónicas para Der Spiegel se percató que no podía haber realizado ciertas entrevistas por no haberse hallado en el lugar donde debiera haber estado. Der Spiegel saltó a la fama mundial luego que en 1962 revelara documentos confidenciales que consignaban que la defensa alemana no podía hacer frente a un ataque por parte de las fuerzas del Pacto de Varsovia. El periodista Conrad Ahlers y el editor Rudolf Augstein fueron detenidos acusados de alta traición. Para colmo, esto sucedió en paralelo a la Crisis de los misiles de Cuba, el evento en la Guerra Fría que más cerca estuvo de iniciar un conflicto nuclear. La reacción en la opinión pública marcó un quiebre en Alemania la relación entre la prensa y el gobierno. El ministro de defensa, Franz-Josef Strauss, líder del partido conservador Unión Social Cristiana (CSU), la versión bávara de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) de Konrad Adenauer, tuvo que presentar la renuncia.El llamado Der Spiegel Affair afectó severamente la confianza en el gobierno de Adenauer. Al año, el canciller federal tuvo que dimitir. Sin dudas, el caso de Der Spiegel fue un antecedente alemán de los Pentagon Papers y del Caso Watergate en Estados Unidos. Fue también un precedente del Affair Profumo que estalló en Gran Bretaña en 1963. El caso Relotius pone sobre el tapete nuevamente cuáles son las fronteras del periodismo, así como la importancia de la dimensión ética de la profesión. en tiempos de las llamadas fake news y de la posverdad, este escándalo deja muy mal parado a los medios que se proyectan sobre lo público anclados en una tradición fundada en el periodismo de investigación y en prácticas profesionales consistentes . La revista Der Spiegel tuvo que sacar una edición donde la tapa y el grueso de los artículos estuvo dedicada al caso.

“Decir, lo que es. En asunto propio: cómo uno de nuestros periodistas falseó sus crónicas y por qué lo pudo lograr”.

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Jimmy Wales promete revolucionar el periodismo con WikiTRIBUNE

Jimmy Wales, el fundador de Wikipedia, lanza ahora WikiTRIBUNE, un servicio de noticias online creado para acabar con la difusión de noticias falsas o “fake news“. La nueva plataforma seguirá los principios de Wikipedia: será gratuito, de espíritu colaborativo, y se financiará con donaciones y no con publicidad. Los ingresos se realizarán mediante el crowdsourcing o aportes colectivos. WikiTRIBUNE permitirá que escriban tanto periodistas profesionales, que recibirán un sueldo, como personas comunes, lo cual supone incursionar en el periodismo ciudadano donde el público es también un editor. Todo dato publicado deberá ser acompañado por la fuente. El público podrá corregir o ampliar los artículos publicados, previa evaluación por parte de un equipo de profesionales y voluntarios que chequearán los cambios. La plataforma contará con un grupo de consejeros entre los cuales se destacan Guy Kawasaki, Jeff Jarvis y Lawrence Lessig. La primera publicación estará en inglés y destinada al público de Estados Unidos. En función de los resultados se evaluará su ampliación a otros idiomas. El proyecto WikiTRIBUNE asoma como el más interesante en el campo del periodismo desde el lanzamiento de The Huffington Post.

Jimmy Wales replicará el modelo de Wikipedia en WikiTRIBUNE

Datos, comunidad y periodistas: los pilares de WikiTRIBUNE

Estado del periodismo en América Latina

La Konrad Adenauer Stiftung publicó un nuevo trabajo sobre el periodismo, esta vez, de América Latina. Este libro reciente lleva el título de “El periodismo por los periodistas. Perfiles profesionales en las democracias de América Latina” y fue editado por Adriana Amado, cuenta con el prólogo de Silvio Waisbord y se funda en los resultados del grupo internacional de investigación Worlds of Journalism. Los países incluidos en este libro son Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Chile, Ecuador, El Salvador, México y Venezuela. Se entrevistaron 2789 periodistas entre el año 2103 y el 2015. El promedio de edad del periodista es de 35 años y el 60% son hombres. El 71% cuenta con títlo universitario al menos de grado. El 88% trabaja en medios “tradicionales”, mientras que el 13% lo hace en medios online. El 85% trabaja en medios privados y sólo el 29% tiene membresía en alguna asociación profesional. El 68% considera que tiene libertad para escribir las noticias. A continuación, tablas con algunos datos agrupados.

Expertos en redes: el ágora ateniense, fue

Internet y las redes sociales no serán un ágora idealizado para el libre debate de ideas y la libertad de expresión. Por el contrario, los trolls seguirán intoxicando los espacios, así como el discurso que incita al odio y la violencia. Este es el resultado de una investigación de corte cualitativo desarrollado por Pew Research denominada “The Future of Free Speech, Trolls, Anonimity and Fak News Online“.Una democracia deliberativa está lejos de ser un escenario probable a futuro según la visión de los pensadores y actores del mundo virtual consultados para el trabajo. Algunas conclusiones de la investigación son las siguientes: los trolls y quienes promueven y esparcen el odio son anteriores a Internet y seguirán existiendo; el anonimato en las redes favorece este tipo de acciones; la ráoida expansión de los contenidos en Internet hace difícil el control del discurso agresivo; las compañías teconológicas tienen pocos incentivos para controlar discursos que promueven odio y agresiones; los medios tradicionales han perdido importancia y, en algunos casos, no actúan para evitar este tipo de discurso destructivo; es limitada la posibilidad de encontrar moderadores fundados en inteligencia artificial que promueven un diálogo constructivo en las redes y  bloqueen el destructivo; los trolls pueden saltear cualquier espacio amigable posible; existirá mayor presión para que el Estado actúe y castigue al discurso agresivo y violento; una mayor intervención del Estado podría suponer una restricción a libertad de expresión; la polarización en las redes continuará producto de una compartimentalización ideológica. Algunas de las personalidades consultadas fueron Vint Cerf, Cory Doctorow, Kate Crawford, Marina Gorbis, Richard Stallman, Amy Webb, Jeff Jarvis, David Weinberger, Jamais Cascio y Stephen Downes. Una porción significativa de los entrevistados preirió mantener el anonimato.

Tapa de la revista Time del 18 de agosto de 2016

“Fake News/Noticias Truchas”: su probable desembarco en un año electoral

La victoria del republicano Donald Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses arrastró como un dato sobresaliente la existencia de las llamadas “fake news” o noticias falsas. Supuestamente, la proliferación de estas “fake news” en las redes sociales por parte de los republicanos  – o de un sector duro de ellos – tenía como finalidad esparcir noticias que desprestigiaban a los candidatos demócratas, a figuras del ideario progresista (“liberal“), o bien a los “blancos” del discurso de Trump (hispanos, musulmanes, etc.). El sitio de noticias que estuvo – y está en el tapete – es Breitbart News, el mascarón comunicativo del sector denominado “derecha alternativa” (Alternative Right o Alt Right). Mucho se ha escrito sobre el tema. Desde el momento que la proliferación de estas noticias falsas afectan las condiciones en que un ciudadano toma sus decisiones en el contexto de una sociedad democrática, se ha intentado subsanar el problema. Una de las vertientes es identificar a las así denominadas “fake news. Así, un visión “optimista” asume que hay pasos para tratar de chequear si la noticia es creíble: que el medio sea reconocido por su calidad periodística, que figure el nombre del autor del artículo, si la calidad del dieño de la página online es sólida, si hay perspectivas contrapuestas en el artículo, por citar algunos recomendables. Otra vertiente “optimista”, pero de caracter activo plantea minar de base la economía de los sitios de noticias falsas. Una estrategia para ello es hacer capturas de pantalla donde el banner del anunciante esté junto a la noticia falsa, preferentemente donde el margen de duda de incitación al odio sea mínimo; luego, enviarla imagen de la empresa o difundirla por redes sociales cosa que afecte el valor de marca de la misma. Esto supone un grado de activismo no menor en el cual difícilmente ingrese el ciudadano corriente. En Estados Unidos lo realiza el grupo activista Sleeping Giants. Las versiones “pesimistas” pasan por considerar que el supuesto iluminista de una sociedad democrática que permita la emancipación de sus ciudadanos a la Jürgen Habermas, es sólamente considerable en el plano normativo, pero que es extremadamente improbale de ser reconocible en una sociedad done los grupos se apretujan entre sí para imponer al juego mazos de cartas marcadas. Esta perspectiva plantea si hemos llegado al fin del periodismo “profesional”, ya que el flujo de la comunicación está marcado inexorablemente por la adscripción partidaria, lo “militante”, lo “partisan. Estaríamos en el mundo de la posverdad, donde toda afirmación es cuestionable, donde no existe condiciones de diálogo ya que todo enunciado en definitiva puede no ser cuestionado. Es el mundo Humpty Dumpty – el huevo parlanchín sentado en su muro, donde lo que prima quien es el que da sentido a las palabras del Jabberwocky. Así, no hay enunciado que tenga autoridad a partir de cierto marco de normas producto de un nivel apreciable de consenso ni grupo legítimo que pueda sostener una argumentación: cualquier cosa es falsa y no lo es, ya que no hay patrones consensuados para contrastar lo afirmado. Todo “hecho” puede reclamar la postulación de su “hecho alternativo”, casi como una partícula puede tener su antipartícula, poniendo bajo tensión los límites del pluralismo político.

En la Argentina comienza un año electoral. En vista de lo “exitoso” del experimento comunicacional implementado por Donald Trump, no sería extraño el desembarco masivo de sitios que traten de implementar algo semejante en las Pampas. El conflicto reciente en torno al Conicet permitió confirmar que las redes sociales no son paraísos idílicos comunicativos, sino que los grupos organizados están presentes tanto en las redes como en las calles (la asimetría en el uso de Twitter en la Argentina ya fue planteado oportunamente en un artículo de Mariano Ure y Martín Parselis). Por lo tanto, no es de extrañar a que en las discusiones políticas de este año que comienza asistamos a la proliferación de sitios, encuestas, “centros de estudios” y perfiles opacos de redes sociales cuyo objetivo será esparcir “noticias truchas” para descalificar adversarios y empastar el debate político, si es que logramos que este pueda al menos esbozarse.

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En la era de la posverdad quien importa es aquel quien fija las reglas

Polarización Política + Redes Sociales = La Era de la Posverdad

Un reciente artículo de The Economist (“Yes, I’d lie to you”) pone el foco en la creciente tendencia de los políticos a escindirse de todo critero de verdad. En este sentido, hemos ingresado en la Era de la “Posverdad”, como la popularizó el blogger David Roberts. Según The Economist, los políticos tienden a adoptar discursos donde no hay un Otro, una alteridad que los someta a prueba. El razonamiento por tanto se guía por la falacia no formal de petición de principioVladimir Putin y Donald Trump son los ejemplos considerados por el semanario inglés. Al mismo tiempo, hay quienes observan una creciente tendencia a las conspiraciones, fogoneadas por los políticos y aceptadas por los ciudadanos. En este sentido, el artículo en cuestión establece una relación entre esta nueva era política y el auge de las redes sociales. En consonancia con artículos sobre el tema, como el de Ypthach Lelkes, Gaurav Sood y Shanto Iyengar, las redes sociales tenderían a polarizar las opiniones de los electores ya que incurrirían en una actitud hacia las noticias desde una percepción selectiva: los votantes tienden a recibir información que refuerzan sus opiniones previas, no a desafiarlas. A su vez, el uso creciente de robots y trolls tienden a levantar una determinada percepción que favorece cierto estado de opinión, generando seudoambientes a los considerados por Walter Lippmann cien años atrás. Estas perspectivas bloquearían tanto el fortalecimiento de un espacio de lo público, así como la posibilidad de la consolidación de un monitoreo sobre las institiuciones políticas o sociales (accountability). Otros estudios cuestionan esta tendencia hacia la polarización al menos en el plano de la ciudadanía. Tales son los casos como un artículo de Larry Bartels, por un lado, o el de Marty Cohen, Mary C. McGrath, Peter Aronow y John Zaller, por otro; ambos analizan a la sociedad nortemaericana, donde esta creciente supuesta polarización ideológica ya es un área de trabajo consolidada en el plano de la ciencia política y los estudios de comunicación.

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La “verdad” no es un criterio ya a seguir en política en la medida que el discurso crea su propia realidad

Hacia un contrato social con base en algoritmos

La creciente difusión de robots que escriben noticias periodísticas y de la influencia que tienen los algoritmos en la edición plantean nuevos interrogantes acerca del periodismo, la cosa pública y la interacción de las personas en al sociedad. Un artículo reciente del New York Times desafía al lector para que reconozca una noticia escrita por un periodista de otra por un robot: a simple vista no hay diferencia. Konstantin Nicholas Dörr, investigador de la Universidad de Zürich publicó recientemente un paper para hacer un mapeo del campo del periodismo digital. El tema genera un creciente debate sobre el uso y la solidez de los datos que se usan para que los robots redacten las noticias. Por caso, si los datos son sólidos y si el elector tiene acceso a los mismos; si las personas deben tener acceso a qué noticia es generada por un robot; si las características del soft y los algoritmos son abiertos al público o no lo son – algo que afecta particularmente a los medios públicos – ; o cómo es el monitoreo interno del proceso de edición. En definitiva, cuál será el papel de los robots en las noticias que hacen al interés público y por tanto al sistema democrático. Esto genera planteos tanto éticos como políticos. Por caso, Iyad Rahwan, del MIT Media Lab, plantea considerar un contrato social que incluya en el centro la relación entre seres humanos y su producto, los algoritmos. Estos interrogantes van a a ir acercándose al centro de la agenda pública en los próximos años.

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El papel de los robots en el periodismo es otro de los cambios en marcha