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El New York Times y The Economist denuncian como monopolios a los grandes de Internet

La demanda de los medios periodísticos comienza a hacer ruido. The New York Times primero y The Economist después han lanzado el reclamo de denunciar como monopolios a los grandes actores de Internet. En particular, los apuntados son Google y Facebook, quienes son los que atrapan el grueso del ingreso publicitario de los medios informativos. Tanto The New York Times como The Economist han publicado sendos artículos en los cuales sostienen que la situación actual de los gigantes de los datos es similar a las compañías petroleras y las telefónicas a comienzos del siglo XX. Por lo tanto, ambos medios recomiendan implementar regulaciones antimonopólicas que supongan eliminar la condición dominante de tales empresas. Las cuestiones que asoman en el horizonte es el daño a la economía (reducción de a competencia) y a la innovación que generan los monopolios. A esto se suma por parte de las empresas la poca transparencia en la comunicación a los usuarios sobre la disponibilidad de los datos que recolectan. Finalmente, aparece en el horizonte el impacto que tienen semejantes empresas sobre el sistema democrático, en particularpor el uso de algoritmos que orientan el tipo de medios y contenidos periodísticos a ser acercados a los ciudadanos. The Economist propone cambiar la lógica delas regulaciones antitrust, ya que las existentes están fundadas en un criterio “industrial” y están desactualizadas. La presión es fuerte. Se vienen meses donde esta tensión entre los productores de contenidos periodísticos y las empresas de Internet se hará más aguda. Este es sólo un incidente más de un conflicto que se vuelve más profundo.

La tapa de The Economist

Cómo Silicon Valley cambió el periodismo en Estados Unidos

El Tow Center for Digital Journalism publicó un informe sobre cómo las redes sociales han cambiado el periodismo de los Estados Unidos. El trabajo liderado por Emily Bell y Taylor Owen, titulado The Platform Press: How Silicon Valley Reengineered Journalism, plantea desde el vamos que las redes sociales son editores. Las empresas de medios tradicionales están confundidas por el impacto de las empresas del mundo digital. Según el informe, muchas de las organizaciones de medios desplazarán al periodismo como su actividad central. Si bien las plataformas digitales permiten hoy un alcance extraordinario para los productores de contenidos periodísticos, estos no pueden cubrir los costos operativos y de inversión.  Para el trabajo es claro que las plataformas digitales son editores periodísticos: tienen la capacidad de ofrecer incentivos sobre los generadores de contenidos acerca de qué tipo de material hay que producir (texto, videos, audios, etc.). El periodismo cívico al estilo watchdog es el más afectado por este nuevo contexto, ya que se privilegia aquello que tiene proyección de escla y lo que es compartible a través de las redes. El trabajo también sostiene en sus conclusiones que las pataformas digitales se centran en una edición basada en algoritmos. Este es su lado flaco, ya que no consideran el “toque humano” de un buen editor. Asimismo, otra deuda es la ausencia de transparencia de las plataformas. Los públicos no tienen elementos para saber el impacto de lo que producen y por qué reciben lo que ven; cómo se usan los datos que se generan por el sólo acceso a las noticias en la red; y cómo podría ser manipulado el consumo de contenidos en Internet. Com reflexión final, el informe plantea que las organizaciones de medios tradicionales se encuentran ante un dilema de hierro: ¿seguirán manteniendo costosas redacciones de producción periodística con públicos pequeños, pero con la fuente de ingresos bajo su control? O por el contrario, ¿preferirán reducir el control de los ingresos en manos de plataformas y redes sociales para oder acceder a públicos a escala amplia?

Medios tradicionales de Estados Unidos y las plataformas que utilizan para distribuir contenidos periodísticos

Modelo

Esquema de distribución de contenidos digitales de la CNN

Posteos realizados por el New York Times en la semana que comenzó el 6 de febrero de 2017

Posteos

Posteos de algunos medios en Instagram y Snapchat

Posteos totales en medios entre períodos seleccionados por la investigación

 

Expertos en redes: el ágora ateniense, fue

Internet y las redes sociales no serán un ágora idealizado para el libre debate de ideas y la libertad de expresión. Por el contrario, los trolls seguirán intoxicando los espacios, así como el discurso que incita al odio y la violencia. Este es el resultado de una investigación de corte cualitativo desarrollado por Pew Research denominada “The Future of Free Speech, Trolls, Anonimity and Fak News Online“.Una democracia deliberativa está lejos de ser un escenario probable a futuro según la visión de los pensadores y actores del mundo virtual consultados para el trabajo. Algunas conclusiones de la investigación son las siguientes: los trolls y quienes promueven y esparcen el odio son anteriores a Internet y seguirán existiendo; el anonimato en las redes favorece este tipo de acciones; la ráoida expansión de los contenidos en Internet hace difícil el control del discurso agresivo; las compañías teconológicas tienen pocos incentivos para controlar discursos que promueven odio y agresiones; los medios tradicionales han perdido importancia y, en algunos casos, no actúan para evitar este tipo de discurso destructivo; es limitada la posibilidad de encontrar moderadores fundados en inteligencia artificial que promueven un diálogo constructivo en las redes y  bloqueen el destructivo; los trolls pueden saltear cualquier espacio amigable posible; existirá mayor presión para que el Estado actúe y castigue al discurso agresivo y violento; una mayor intervención del Estado podría suponer una restricción a libertad de expresión; la polarización en las redes continuará producto de una compartimentalización ideológica. Algunas de las personalidades consultadas fueron Vint Cerf, Cory Doctorow, Kate Crawford, Marina Gorbis, Richard Stallman, Amy Webb, Jeff Jarvis, David Weinberger, Jamais Cascio y Stephen Downes. Una porción significativa de los entrevistados preirió mantener el anonimato.

Tapa de la revista Time del 18 de agosto de 2016

El nuevo ecosistema de la comunicación política de Estados Unidos

No son los algoritmos de Facebook o Twitter, sino la existencia de un ecosistema paralelo de propaganda, en el sentido anglosajón del término. No hay fake news, sino una variante nueva de un dispositivo de comunicación con pretensiones manipulativas. Estas son las conclusiones generales de la investigación desarrollada por Yochai Benkler, Robert Faris, Hal Roberts y Ethan Zuckerman con relación a la circulación de contenidos periodísticos durante la campaña presidencial en Estados Unidos el año pasado. El trabajo, basado en contenidos en Facebook y Twitter, muestra que lo que asoma como novedoso es un sistema de comunicación que cohabita en paralelo con el sistema de medios “tradicional”. Por lo tanto, no hay fake news (noticias falsas), sino directamente un sistema solar paralelo que difunde contenidos propagandísticos. El “sol” de sete nuevo ecosistema es Breitbart News, el portal de noticias de Stephen Bannon. El trabajo muestra que no hay grandes cambios en el modo de hacer política en Estados Unidos, ya que el patrón de comunicación política responde a los parámetros considerados por Richard Hofstadter en “The Paranoid Style in American Politics” (El estilo paranoico en la política norteamericana). Lo novedoso es que este nuevo sistema convive con el tradicional. Esto es algo que los medios y el periodismo deben tener en cuenta.

Sitios de noticias por orientación ideológica y por tamaño en Twitter

Ecosistemas de contenidos noticiosos en Estados Unidos a partir de Twitter

Otro paper relaciona polarización política con Internet

Un nuevo paper desarrollado en el ámbito unversitario de los Estados Unidos refuerza la perspectiva de una corriente dentro de las ciencias sociales del país que encuentra una correlación entre el uso de Internet y la polarización política. El trabajo se titula “Is the Internet Causing Political Polarization? Evidence form Demographics” y fue escrito por Levi Boxell, Matthew Gentzkow y Jesse M. Shapiro. El trabajo encuentra que las redes sociales estimulan el clivaje político, al menos en la sociedad norteamericana. La ampliación de la división política y su relación con el uso de las redes sociales e Internet es una cuestión que viene preocupando de modo sistemático a los académicos del país desde algo más de una década. En este sentido, hay trabajos que encuentran vínculos entre ambos fenómenos y otros que no.

Algunos resultados del uso de Internet, polarización política y datos demográficos

Para reforzar visiones previas, Twitter es una gran ayuda

Twitter es una cámara de resonancia en el plano de la información periodística y la comunicación política. Eso es lo que sostiene una investigación desarrollada en Gran Bretaña por la consultora Demos a lo largo del año 2016, que es por demás aclarar que tuvo un fuerte contenido político a nivel global, quizás el mayor desde el comienzo de la caída de la Unión Soviética y el fin del socialismo real en la mayor parte del Este de Europa. El estudio liderado por Alex Krasodomski-Jones partió de una muestra de algo más de 2000 cuentas de Twitter de británcos. Los usuarios de Twitter en el Reino Unido tienden a interactuar con otros que comparten sus ideas políticas así como distribuir información que retroalimenta sus ideas. El informe muestra que a mayor radicalización política del usuario, mayor tendencia a tener una actitud centrífuga en Twitter. En vez de seguir el viejo postulado de Anthony Downs según el cual las posiciones políticas de partidos y votantes tienden a buscar el centro cuando la información acerca de lo público es poco costosa – como es el caso de las redes sociales. En Twitter se observa que las personas con posiciones que tienden a su radicalización estimulan esta acción. Este estado de cosas se da en un contexto donde los medios mainstream (“institucionales”) tienen cada vez menor influencia. El estudio supone una objeción seria acerca de que las redes sociales promuevan el diálogo y el alcance de consensos en la sociedad, al mismo tiempo que fomentan los compartimentos estancos. El trabajo final puede verse aquí.

demos-twitter-echo-chamber-1Usuarios de Twitter tienden a distribuir noticias acorde a su perspectiva política

demos-twitter-echo-chamber-2Usuarios de Twitter tienden a reenviar tuits que refuerzan su posición política

“Fake News/Noticias Truchas”: su probable desembarco en un año electoral

La victoria del republicano Donald Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses arrastró como un dato sobresaliente la existencia de las llamadas “fake news” o noticias falsas. Supuestamente, la proliferación de estas “fake news” en las redes sociales por parte de los republicanos  – o de un sector duro de ellos – tenía como finalidad esparcir noticias que desprestigiaban a los candidatos demócratas, a figuras del ideario progresista (“liberal“), o bien a los “blancos” del discurso de Trump (hispanos, musulmanes, etc.). El sitio de noticias que estuvo – y está en el tapete – es Breitbart News, el mascarón comunicativo del sector denominado “derecha alternativa” (Alternative Right o Alt Right). Mucho se ha escrito sobre el tema. Desde el momento que la proliferación de estas noticias falsas afectan las condiciones en que un ciudadano toma sus decisiones en el contexto de una sociedad democrática, se ha intentado subsanar el problema. Una de las vertientes es identificar a las así denominadas “fake news. Así, un visión “optimista” asume que hay pasos para tratar de chequear si la noticia es creíble: que el medio sea reconocido por su calidad periodística, que figure el nombre del autor del artículo, si la calidad del dieño de la página online es sólida, si hay perspectivas contrapuestas en el artículo, por citar algunos recomendables. Otra vertiente “optimista”, pero de caracter activo plantea minar de base la economía de los sitios de noticias falsas. Una estrategia para ello es hacer capturas de pantalla donde el banner del anunciante esté junto a la noticia falsa, preferentemente donde el margen de duda de incitación al odio sea mínimo; luego, enviarla imagen de la empresa o difundirla por redes sociales cosa que afecte el valor de marca de la misma. Esto supone un grado de activismo no menor en el cual difícilmente ingrese el ciudadano corriente. En Estados Unidos lo realiza el grupo activista Sleeping Giants. Las versiones “pesimistas” pasan por considerar que el supuesto iluminista de una sociedad democrática que permita la emancipación de sus ciudadanos a la Jürgen Habermas, es sólamente considerable en el plano normativo, pero que es extremadamente improbale de ser reconocible en una sociedad done los grupos se apretujan entre sí para imponer al juego mazos de cartas marcadas. Esta perspectiva plantea si hemos llegado al fin del periodismo “profesional”, ya que el flujo de la comunicación está marcado inexorablemente por la adscripción partidaria, lo “militante”, lo “partisan. Estaríamos en el mundo de la posverdad, donde toda afirmación es cuestionable, donde no existe condiciones de diálogo ya que todo enunciado en definitiva puede no ser cuestionado. Es el mundo Humpty Dumpty – el huevo parlanchín sentado en su muro, donde lo que prima quien es el que da sentido a las palabras del Jabberwocky. Así, no hay enunciado que tenga autoridad a partir de cierto marco de normas producto de un nivel apreciable de consenso ni grupo legítimo que pueda sostener una argumentación: cualquier cosa es falsa y no lo es, ya que no hay patrones consensuados para contrastar lo afirmado. Todo “hecho” puede reclamar la postulación de su “hecho alternativo”, casi como una partícula puede tener su antipartícula, poniendo bajo tensión los límites del pluralismo político.

En la Argentina comienza un año electoral. En vista de lo “exitoso” del experimento comunicacional implementado por Donald Trump, no sería extraño el desembarco masivo de sitios que traten de implementar algo semejante en las Pampas. El conflicto reciente en torno al Conicet permitió confirmar que las redes sociales no son paraísos idílicos comunicativos, sino que los grupos organizados están presentes tanto en las redes como en las calles (la asimetría en el uso de Twitter en la Argentina ya fue planteado oportunamente en un artículo de Mariano Ure y Martín Parselis). Por lo tanto, no es de extrañar a que en las discusiones políticas de este año que comienza asistamos a la proliferación de sitios, encuestas, “centros de estudios” y perfiles opacos de redes sociales cuyo objetivo será esparcir “noticias truchas” para descalificar adversarios y empastar el debate político, si es que logramos que este pueda al menos esbozarse.

humpty-dumpty

En la era de la posverdad quien importa es aquel quien fija las reglas