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“The Post”: el retrato de la tensión al interior de un diario

Este año la oferta cinematográfica comenzó con el estreno de una película que prometía causar sensación. Se trata de “The Post”, de Steven Spielberg y los protagónicos  de dos excelentes y ya consagrados actores: Meryl Streep (la mítica Katharine “Kay” Graham) y Tom Hanks (el legendario director de la redacción Ben Bradlee). La trama se centra en las encrucijadas que debe enfrentar el Washington Post en torno a la publicación o no de los así llamados “Archivos del Pentágono”, documentos secretos del gobierno norteamericano que constatan con crudeza la muy mala performance de las fuerzas armadas norteamericanas en la Guerra de Vietnam, algo que debe ser ocultado a a ciudadanía del país. The New York Times toma la posta en develar los mismos, por lo que el “Post” trata de ganar la iniciativa. El dilema central asoma cuando aparece la amenaza desde el campo político de actuar duramente contra el “Times” por violar secretos de Estado. La película es extraordinaria en la temática y debiera ser vista por alumnos de periodismo, periodistas, académicos y público en general por algunas razones que enumeraremos aquí. En particular en la Argentina. No se trata de la clásica película donde los héroes son los periodistas, sino que centra en la toma de decisiones en la cúpula de un medio gráfico informativo periodístico privado dentro de las lógicas del sistema de medios norteamericano pre Internet. Es una película históricamente “densa” – por el duro contraste en el flujo de contenidos entre el mundo analógico y el digital -, pero que remite siempre hacia el presente. La analogía Richard NixonDonald Trump está siempre latente. La relación medios-poder político está aquí presente. ¿Apoyar con quién simpatizo ideológicamente o incluso con quién se tiene una relación estrecha por sobre los intereses de la ciudadanía? El cruce de racionalidades asoma. Sin embargo, el nudo de la película está focalizado no en la relación entre el poder político y el periodismo (“Todos los hombres del presidente”), ni en la ética de un funcionario judicial frente a una posible distorsión del checks and balances del sistema presidencialista norteamericano (“El informante”). En “The Post” no hay trasnoches con pizzas sino grandes fiestas y recepciones en residencias de alta sociedad. El eje está puesto en la tensión entre las múltiples racionalidades que sufre un medio informativo privado gráfico. La tensión crucial aquí es entre la racionalidad económico-financiera y la técnico-periodística. Esta tensión ha sido bien marcada por Denis McQuail. Con una pequeña modificación propia, este cuadro permite visualizar este conflicto interno.

Cuando sucede la crisis de los “Archivos del Pentágono”, el Washington Post está a punto de ser una pequeña empresa familiar para aspirar a ser una gran empresa de medios. Está ya por ser una empresa “pública”, esto es, está por salir a cotizar en la bolsa parte de su paquete accionario. En esta salida a buscar dinero,  como empresa el Post presenta un plan para mejorar su calidad periodística y transformarlo en un medio de excelencia. Y allí se plantea el gran dilema. Frente a la acción duramente intimidatoria en el ámbito judicial por parte del gobierno norteamericano sobre el New York Times, ¿qué decisión tomar? Allí se enfrentan la racionalidad económica-financiera representada por Fritz Beebe y la técnico-periodistíca por Ben Bradlee. Por un lado, si el Post decide publicar los documentos  esto puede auyentar en masa a los inversores y el diario y los medios asociados corren serio riesgo de desaparecer; por el otro, si decide no publicarlos,  el Post se transformaría en un medio más cercano a la revista People (ejemplificado por el desvelo de la obtención de fotos del casamiento de la hija del presidente Nixon) que a un medio de influencia, que a un diario “serio”: el proyecto de un diario de influencia sucumbiría. La escena es fantástica en ese sentido. Es la directora del diario, Katharine Graham, que en una charla telefónica donde recibe en simultáneo las dos versiones  – la de Beebe y la de Bradlee – muy bien justificadas. Finalmente toma una decisión. En el contexto actual, donde el financiamiento de un medio informativo está al rojo vivo, bien vale el antecedente histórico que muestra la película. Aquí está el nudo central de la película. Como se ve bien en “The Post”, y así lo plantea Fritz Beebe en un duro cruce con Ben Bradlee, el avance del gobierno desde lo financiero-empresario sobre el Washington Post no será por el diario sino por sus estaciones de televisión y de radio, que al ocupar frecuencias del espectro radioeléctrico de caracter público y administradas por el Estado, permite un flanco para un avance gubernamental par doblegar al grupo de medios. La relación con la Argentina y América Latina bien la vale. También es muy descriptiva la respuesta de Bradlee de ningunear la televisión, típica respuesta de un periodista “iluminista” de la gráfica. Así podemos ir bajando hacia las Pampas. La analogía con el Clarín de los 90s no es menor. La caracterización de Graham por Meryl Streep es muy similar a la presencia y estilo que adoptó Ernestina Herrera de Noble. El rediseño del diario encabezado por Roberto Guareschi sí como la fuerte inversión en calidad, que fue de asociarse al MIT Media Lab a contratar expertos locales e internacionales (Oscar Landi, Eliseo Verón, Teun van Dijk, entre otros) para mejorar el diario, se produjo en simultáneo con la construcción del grupo. Esta gran inversión llevó a que el diario Clarín dejara de ser un medio difícil de leer y destinado a lecores de deportes, las carreras de caballos y los chistes de contratapa, para pasar a ser un gran medio del mercado global de diarios en castellano. La gran diferencia entre el Clarín de los 90s y el Post, en los términos de la película es el colchón entre la directora general y la redacción: en Clarín está Héctor Magnetto y el staff corporativo, cosa que no asoma en el Post de modo análogo. En paralelo, por caso, enn la película aparece con precisión  la cuestión del secreto de las fuentes periodísticas.Esto fue una obsesión de Saturnino Herrero Mitjans, luego director de asuntos corporativos del Grupo Clarín, que la llevó como bandera a la Convención Constituyente de Santa Fe de 1994. Con el apoyo de Guillermo Ignacio, director de Ecos Diarios de Necochea, y la acción en el campo de un joven Martín Etchevers, esto se introdujo en el artículo 43 de la reforma. Para cerrar la vinculación con la Argentina, resulta curioso que Bradlee se mueva en un pequeño Fiat 128, auto de baja presencia en Estados Unidos y de gran popularidad en la Argentina. Y una breve mención a Alexander Haig, secretario de etsado durante la Guerra de las Malvinas. La película muestra también la estrecha relación entre los medios, el periodismo, los políticos, los empresarios. Tal el caso de la amistad entre Katharine Graham y Robert McNamara, principal afectado por la divulgación de los documentos. Esta relación que por momentos es promiscua en términos de racionalidades sirvió para que el periodista estrella de la película, Ben Bagdikian, denunciar esto en su clásico libro “The Media Monopoly“, algo que ya estaba cementado en “The Power Elite” de C. Wright Mills. Otra figura que asoma brevemente es William Rehnquist, miembro conservador que fue por décadas miembro de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos; aquí en su calidad de adjunto del procurador general es el en cargado de “apretar” a Bradlee para que no publique los documentos. Las redacciones como las del Washington Post de la película ya no existen. Tampoco los tics y las culturas de los periodísticas – algunos rasgos de Bradlee los he visto en Elie Abel o Edward Mortimer, por citar algunos -. Finalmente, como espíritu de época, la película retrata muy bien un mundo de decisiones absolutamente masculino. En el desayuno de trabajo del comienzo con Badlee en un club social, Graham es la única mujer. En las reuniones de directorio balbucea y al salir camina por detrás de “los hombres”, en las reuniones sociales, se junta con las “mujeres de” en vez de estar con los “hombres del poder”. Por todo esto, y quizás otros aspectos no considerados aquí, “The Post” es altamente recomendable.

El periodismo vs. las finanzas en una escena clave en “The Post”.

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Crece la confianza en el periodismo y disminuye en las redes sociales

La consultora Edelman publicó los resultados de una encuesta de opinión global acerca de la confianza en las instituciones. Dentro de ellas se encuentran los medios. Asimismo, la Argentina fue uno de los países parte de la muestra. Como primer dato a resaltar de la investigación titulada “The Battle for Trust” a es que el país encabeza junto a México, España e Indonesia el lote de aquellas sociedades que les preocupa la utilización como un arma a las “fake news“.

Los medios e comunicación son la institución relevada con menor confianza a nivel global. La Argentina se encuentra entre los países con desconfianza alta. De los tres países relevados en América Latina – México y Brasil son los restantes -, es la sociedad que menor confianza tiene en los medios.

Un dato interesante que surge del trabajo es que los encuestados identifican como “medios” tanto a los soportes como a quienes generan los contenidos. En este sentido se destaca que los periodistas son quienes están más asociados al concepto de “medios”, mientras que los motores de búsqueda son aquellos más alejados de éste.

Otro dato interesante es la caída en la confianza en las redes sociales y en los motores de búaqueda frente a la revalorización del periodismo.

Es Alemania el país que muestra la mayor brecha entre la confianza que se tiene al periodismo y aquella en las redes sociales. La Argentina está en el nivel medio global. México y Brasil están entre los países en los cuales la confianza se dade manera inversa: las redes dan mayores garantías que el periodismo.

De los países relevados, Estados Unidos es aquel donde más cayó la confianza en las redes sociales y los mores de búsqueda. No es desdeñable que el cambio se haya producido luego de la asunción de Donald Trump como presidente del país, su uso de Twitter y las disputas en torno al concepto de “fake news” ya mencionado. En la Argentina cayó más que en Brasil y México.

Finalmente, en comparación con otras instituciones relevadas en la Argentina, se observa una caída en la confianza en los medios con relación a años pasados. El pase del año 2015 al 2016 resultó en un desplome de confianza en los medios. El nivel de confianza en las empresas muestra curvas similares. Al mismo tiempo se observa un repunte en la confianza en el gobierno. Las ONGs mantienen un nivel de aprobación alto.

La Argentina es el país que muestra el mayor crecimiento en confianza en las instituciones a nivel global por parte de los sectores informados sobre lo público. El total de la sociedad tiene un nivel de confianza menor en las misms que la elite de la sociedad.

Riguroso panorama del periodismo argentino

Adriana Amado ha publicado un muy buen paisaje del periodismo argentino en el sitio ConverCom. El informe que lleva por título “Sin noticias del periodismo argentino en el contexto de la convergencia digital” devela el grado de crisis que sufren el periodismo y los medios argentinos. Para ello utiliza resultados de la investigación global de la cual fue parte (Worlds of Journalism) así como datos duros de otras fuentes. Del informe destacamos algunos emergentes que debieran tomarse en consideración. Entre ellos, que no hay datos fehacientes sobre la cantidad de periodistas que hay en el país, así como dónde y cómo trabajan – hay un tema aquí es la delimitación de la profesión de “periodista” en un mundo borroso y en un país en el cual no hay colegiación de los mismos -; los periodistas que trabajan en medios comunitarios o universitarios son quienes peores condiciones de trabajo tienen; en términos relativos hay una destacada presencia de mujeres que se definen como periodistas, tanto en su número como en equidad de condiciones frente a los hombres – mejor que la planta regular estatal -; hay un número apreciable de periodistas que trabajan en medios estatales vía convenios con universidades, lo cual plantea dudas sobre las condiciones en las cuales se encuentran legalmente y quién es el empleador; y, la caída en puestos de trabajo en el área de edición e impresión comienza en el 2009, no es un fenómeno del último año. El trabajo finaliza con conclusiones firmes y que cuestiona tanto ciertos supuestos existentes como el abordaje que se hace sobre periodistas y medios (está bueno recalcar que es reiterada – y acertadamente – la separación de unos y otros a lo largo del trabajo): “el periodismo fue una de las primeras profesiones en integrar prácticas de la nueva economía pero lejos de ofrecerse marcos legales para los nuevos contextos muchos vieron los cambios como una amenaza y se abroquelaron a conquistas de un mundo que ya no es, tratando de mantener funciones que ya no existen o enseñando sistemas de medios que no volverán“. El artículo también sugiere que los propios periodistas debieran conocer más del propio contexto en el cual actúan y cómo es su entorno, observación que es atinente en una profesión cuya actividad básica es la de formular preguntas.

Derrotero de la ocupación en el periodismo argentino en el contexto del país

A nivel global, los públicos reclaman medios no politizados

El Pew Research Center ha publicado una nueva investigación basada en encuestas sobre la relación entre públicos y medios. En este sentido, el trabajo coordinado y dirigido por Amy Mitchell, Katie Simmons, Katerina Eva Matsa y Laura Silver nos aporta datos de base cuantitativa que permiten aproximarse a un abordaje comparativo. El trabajo es de alcance global e incluye la Argentina. En un contexto donde la “posverdad”, las “fake news” y los periodismos “comprometidos” y “militantes/partisan” están bajo discusión, esta investigación nos sugiere algunas afirmaciones de relevancia. En primer lugar, los públicos siguen reclamando periodistas y medios que no favorezcan posturas partidistas desde el punto de vista político. Sólo el 20% a nivel global acepta la partidización de periodistas y medios. Y son críticos respecto a esta actitud por parte de quines hacen periodismo.

En a Argentina, sólo el 37% de quienes cosnumen medios consideran que medios y periodistas trabajan bien y alejados de influencia partidista. De los países relevados en América Latina, sólo Chile está por debajo.

Aimismo, de lospaíses relevados en América Latina, Brasil y la Argentina están a la cabeza en buscar Internet para informarse.

Por otra parte, América Latina pareceira ser la región más “aislada” ya que se informa básicamente de temas locales y no sobre cuestiones internacionales. Es interesante las consecuencias políticas y culturales que surgen de estos datos.

Luego, Chile y la Argentina encabezan en la región el pelotón de países cuyos públicos consideran que los medios y los periodistas no deben orientarse políticamente al  hacer periodismo.

No es de extrañar que en ambos países al mismo tiempo se considere que los medios y los periodistas tengan la menor acepatción en cuanto a considerar que realizan bien su trabajo.

En cuanto a cómo actúan las empresas de medios, el público más crítico de la región es el de Colombia, seguido por Chile y Argentina.

Estos datos son similares en cuanto a la opinión de un equlibrio en cuanto a ofrecer perspectivas políticas por parte de las empresas de medios: Chile, la Argentina y Colombia son los caso más negativos.

En al Argentina, quienes aoyan al gobierno en general están satisfechos con la acción de las empresas de medios., aqune queesta satisfacción es moderada frente a quienes no lo apoyan. Hay que señalar que el trabajo de campo se realizó en el 2017.

A grandes rasgos, hay una fuerte correlación a nivel global entre apoyo al gobierno y confianza en los medios. Esto debe tomarse con reservas, ya que el carácter de los sistemas políticos es muy dispar a nivel global así como la propiedad y organización de los diferentes sistemas de medios.

El informe completo puede ser consultado clickeando aquí.

Sin cambios en el mercado de medios de América Latina

Un nuevo libro publicado por Martín Becerra y Guillermo Mastrini titulado “La concentración infocomunicacional en América Latina (2000-2015)” actualiza una valiosa línea de trabajo emprendida por los autores hace más de una década para diseñar y actualizar un mapa del estado de la industria comunicacional en la región. Los resultados siguen mostrando los mismos lineamientos de la existencia de mercados mediáticos oligopólicos en los países del área. La convergencia tecnológica, la “caída” de medios producto del serio problema de financiamiento a raíz de la succión de los ingresos por parte de los gigantes de Internet, y el fracaso de políticas regulatorias son algunos elementos que ayudan a la consolidación del estado de situación presente. El trabajo se focaliza en los casos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México.

La caída de la circulación de la prensa gráfica no ha llevado a una reducción significativa de actores, señal que es considerado por los actores como un campo que ya no merece una incursión en el mismo. No es lo que sucede con los así llamados  medios audiovisuales y la telefonía fija y móvil o el acceso a Internet. Si se toman los dos principales operadores por sector, el trabajo muestra los siguientes resultados:

Diseccionado por áreas, la presencia de los cuatro principales operadores en televisión abierta, paga (cable y satelital), radio, diarios en papel, telefonía fija y móvil, y acceso a banda ancha de internet, nos ofrece este panorama.

La Argentina bien posicionada por libertad en redes

El think tank estadounidense Freedom House ha publicado el informe sobre libertad en las redes correspondientes al año 2017. El título de este año es “Manipulating Social Media to Undermine Democracy” (Manipular las redes sociales para erosionar la democracia).  El trabajo apunta en particular a observar prácticas dentro de las redes sociales y contra dispositivos móviles o bien para alterar un libre debate sobre temas por parte de gobiernos o grupos organizados o bien por disponer censura de manera abierta por las autoridades de un país. Los peligros que hacen a la libre deliberación considerados en el reporte son: 1) la existencia de agentes pagos por gobiernos, 2) la propaganda – en términos anglosajones que supone mensajes con un sentido manipulatorio – gubernamental diseminada en las redes, 3) la existencia de bots políticos, 4) la difusión de “fake news” o noticias falsas durante procesos electorales, y 5) el “secuestro” de cuentas. El mapa de los países relevados muestra lo siguiente:

Y la proporción de la calificación por países es la siguiente:

El cuadro sería diferente si se considera la población de cada uno de ellos. Resulta que la amplia mayoría de la población mundial vive bajo condición de no libertad o libertad parcial en las redes.

Es destacar que la libertad en las redes no está asociada al grado de penetración de Internet en el país ni a sus niveles de riqueza (PBI per cápita) como bien muestra este gráfico.

A diferencia de otros campos que  hacen a la libertad de expresión, la Argentina se encuentra bien posicionada en este informe ya que está dentro del grupo considerado “libre” (“free). El país lidera el ránking en América del Sur, aunque es necesario destacar que Chile y Uruguay no fueron evaluados.

Aquello destacable del informe es que es particularmente bénevolo en los puntos 1) la existencia de agentes pagos por gobiernos y se reconoce 3) la existencia de bots políticos. Este último fenómeno sí se ha registrado en las redes en cuestiones vinculadas a la vida pública en la Argentina, mientras que del primero hay serias sospechas aunque no pruebas concluyentes. La recolección de datos en la Argentina fue realizada por la Asociación por los Derechos Civiles (ADC). Este es el cuadro global que incluye al país.

El informe registra ataques técnicos en el país contra grupos opositores y organismos de derechos humanos como única actividad manipulativa en las redes.

Con relación al informe anual sobre libertad de prensa (Freedom of the Press) que publica el mismo think tank, la Argentina está mejor posicionada en libertad en redes.

¿Hay en vista regulaciones sobre las redes sociales?

El creciente poder de los gigantes de Internet (Google, Facebook) y redes sociales como Twitter los ubican en el centro de la discusión acerca de su impacto sobre lo público. La declinación de los medios tradicionales, el fenómeno de las así llamadas “fake news“, la polarización política que alimenta “cámaras de eco” (echo chambers) y burbujas informativas, la supuesta ingerencia de Rusia en las campañas electorales de Estados Unidos y de países europeos, son considerados como factores que afectan lo público y amenazan la democracia liberal. Ha resurgido nuevamente el concepto de democracia iliberal (illiberal democracy), término acuñado por el columnista del Washington Post Fareed Zakaria en su clásico artículo “The Rise of the Illiberal Democracy” para designar a regímenes como el de Boris Yeltsin en Rusia o Carlos Menem en la Argentina. En su último número, The Economist le dedica su tapa a la cuestión, además de artículos que tratan el problema. Comienzan a surgir propuestas sobre si debiera existir algún organismo regulador sobre la acción de las redes sociales, ya que asoman dudas sobre si Facebook o Google pueden autorregularse. The Economist y The New York Times ya habían planteado este tema como algo crucial. The Wall Street Journal se suma ahora al reclamo y plantea una causalidad entre la ausencia de regulaciones y la supuesta inteferencia rusa en las elecciones norteamericanas. En este contexto, la FCC (Federal Communications Commission) de Estados Unidos ve con buenos ojos eliminar ciertas restricciones a la propiedad cruzada propias del mundo predigital, como que un propietario de un diario sobre papel pueda acceder a un medio electrónico que ocupe frecuencias del espectro radioeléctrico. Los temas no son menores y generarán debates en los próximos meses.

The Economist vuelve a poner presión sobre Internet