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Otra investigación muestra la caída en influencia de los medios tradicionales norteamericanos

El impacto de los medios en la campaña electoral que llevó a Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos sigue generando investigaciones. En este caso, el Berkman Klein Center de la Universidad de Harvard publicó un trabajo denominado “Partisanship, Propaganda & Desinformation. Online Media and the 2016 Election” (“Partidismo, propaganda y desinformación. Medios online y la elección del 2016”). El trabajo, de corte cuantitativo, muestra que el papel de los medios conservadores que apoyaron a Trump fue más importante que el previsto. Estos medios practicaron un periodismo “militante”, a diferencia de los medios que apoyaron a Hillary Clinton,  aquellos “tradicionales” que practican un periodismo “profesional” fundado en un criterio de equilibrio y contraposición de perspectivas.

Los medios dieron más espacio a los temas propuestos por Trump que a los escándalos en los cuales estuvo involucrado. En particular, el tema de la inmigración dominó las redes.

Por el contrario, en el caso de Clinton, los medios registraron más los escándalos que los temas propios propuestos por la candidata. De esta manera, Trump se instaló en el centro de la escena.

Un dato muy interesante para el caso de la campaña en Estados Unidos, es que Twitter resultó más partidista que los medios tradicionales, pero que Facebook fue mucho más partidista que Twitter.

Breitbart News, el medio online dirigido por Steve Bannon resultó el gran influenciador de la derecha conservadora durante la campaña, arrastrando así a la discusión de temas que circularon por las redes.

Esta nueva investigación  muestra la menor influencia de los medios tradicionales en la configuración del espacio público del país, así como el cuestionamiento sobre el papel del periodismo”profesional” promovido por las escuelas de periodismo de Estados Unidos. La moraleja: crear un medio que apoye un proyecto político y fundado en un periodismo “militante”, puede funcionar y ser útil en una campaña política.

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El nuevo ecosistema de la comunicación política de Estados Unidos

No son los algoritmos de Facebook o Twitter, sino la existencia de un ecosistema paralelo de propaganda, en el sentido anglosajón del término. No hay fake news, sino una variante nueva de un dispositivo de comunicación con pretensiones manipulativas. Estas son las conclusiones generales de la investigación desarrollada por Yochai Benkler, Robert Faris, Hal Roberts y Ethan Zuckerman con relación a la circulación de contenidos periodísticos durante la campaña presidencial en Estados Unidos el año pasado. El trabajo, basado en contenidos en Facebook y Twitter, muestra que lo que asoma como novedoso es un sistema de comunicación que cohabita en paralelo con el sistema de medios “tradicional”. Por lo tanto, no hay fake news (noticias falsas), sino directamente un sistema solar paralelo que difunde contenidos propagandísticos. El “sol” de sete nuevo ecosistema es Breitbart News, el portal de noticias de Stephen Bannon. El trabajo muestra que no hay grandes cambios en el modo de hacer política en Estados Unidos, ya que el patrón de comunicación política responde a los parámetros considerados por Richard Hofstadter en “The Paranoid Style in American Politics” (El estilo paranoico en la política norteamericana). Lo novedoso es que este nuevo sistema convive con el tradicional. Esto es algo que los medios y el periodismo deben tener en cuenta.

Sitios de noticias por orientación ideológica y por tamaño en Twitter

Ecosistemas de contenidos noticiosos en Estados Unidos a partir de Twitter

El periodismo en Estados Unidos: aturdido y confundido

Dazed and confused (Aturdido y confundido) es uno de los temas del álbum debut de Led Zeppelin que ilustra bien el estado de situación del periodismo en los Estados Unidos que es hoy un hormiguero pateado.  La elección de Donald Trump y la descripción de la comunicación política a partir de lo que denominó la Era de la Posverdad ha desbordado la discusión acerca de los fundamentos del periodismo norteamericano de posguerra, fundado en un criterio de prácticas profesionales que derivan en los modelos de watchdog (perro guardián) y gatekeeper (edición). El 31 de enero pasado se realizó una jornada de exposiciones en la Universidad de Harvard donde periodistas de diversos medios expusieron sobre el estado de situación de la profesión en el país. El evento contó con la organización del Shorenstein Center on Media, Politics, and Public Policy y la Nieman Foundation for Journalism. Las conclusiones muestran un escenario de fragmentación que ya estaba presente; el año 2016 lo que ha hecho es mostrarlo de modo crudo. El criterio de qué es un periodista profesional, el papel de la tecnología, la definición de ética periodística, la relación con las audiencias son algunos de los tópicos que hoy son más borrosos que un año atrás. Hay una sensación de desconcierto de cómo actuar profesionalmente frente a un estado de cosas no previsto por los manuales. Por la difusión global que ha tenido el modelo profesional norteamericano, el desconcierto hoy se proyecta a nivel mundial, incluso en la Argentina.

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Hoy, la película “Todos los hombres del presidente” generaría gran controversia tanto sobre el perfil del periodista así como sobre el papel del Washington Post

“Fake News/Noticias Truchas”: su probable desembarco en un año electoral

La victoria del republicano Donald Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses arrastró como un dato sobresaliente la existencia de las llamadas “fake news” o noticias falsas. Supuestamente, la proliferación de estas “fake news” en las redes sociales por parte de los republicanos  – o de un sector duro de ellos – tenía como finalidad esparcir noticias que desprestigiaban a los candidatos demócratas, a figuras del ideario progresista (“liberal“), o bien a los “blancos” del discurso de Trump (hispanos, musulmanes, etc.). El sitio de noticias que estuvo – y está en el tapete – es Breitbart News, el mascarón comunicativo del sector denominado “derecha alternativa” (Alternative Right o Alt Right). Mucho se ha escrito sobre el tema. Desde el momento que la proliferación de estas noticias falsas afectan las condiciones en que un ciudadano toma sus decisiones en el contexto de una sociedad democrática, se ha intentado subsanar el problema. Una de las vertientes es identificar a las así denominadas “fake news. Así, un visión “optimista” asume que hay pasos para tratar de chequear si la noticia es creíble: que el medio sea reconocido por su calidad periodística, que figure el nombre del autor del artículo, si la calidad del dieño de la página online es sólida, si hay perspectivas contrapuestas en el artículo, por citar algunos recomendables. Otra vertiente “optimista”, pero de caracter activo plantea minar de base la economía de los sitios de noticias falsas. Una estrategia para ello es hacer capturas de pantalla donde el banner del anunciante esté junto a la noticia falsa, preferentemente donde el margen de duda de incitación al odio sea mínimo; luego, enviarla imagen de la empresa o difundirla por redes sociales cosa que afecte el valor de marca de la misma. Esto supone un grado de activismo no menor en el cual difícilmente ingrese el ciudadano corriente. En Estados Unidos lo realiza el grupo activista Sleeping Giants. Las versiones “pesimistas” pasan por considerar que el supuesto iluminista de una sociedad democrática que permita la emancipación de sus ciudadanos a la Jürgen Habermas, es sólamente considerable en el plano normativo, pero que es extremadamente improbale de ser reconocible en una sociedad done los grupos se apretujan entre sí para imponer al juego mazos de cartas marcadas. Esta perspectiva plantea si hemos llegado al fin del periodismo “profesional”, ya que el flujo de la comunicación está marcado inexorablemente por la adscripción partidaria, lo “militante”, lo “partisan. Estaríamos en el mundo de la posverdad, donde toda afirmación es cuestionable, donde no existe condiciones de diálogo ya que todo enunciado en definitiva puede no ser cuestionado. Es el mundo Humpty Dumpty – el huevo parlanchín sentado en su muro, donde lo que prima quien es el que da sentido a las palabras del Jabberwocky. Así, no hay enunciado que tenga autoridad a partir de cierto marco de normas producto de un nivel apreciable de consenso ni grupo legítimo que pueda sostener una argumentación: cualquier cosa es falsa y no lo es, ya que no hay patrones consensuados para contrastar lo afirmado. Todo “hecho” puede reclamar la postulación de su “hecho alternativo”, casi como una partícula puede tener su antipartícula, poniendo bajo tensión los límites del pluralismo político.

En la Argentina comienza un año electoral. En vista de lo “exitoso” del experimento comunicacional implementado por Donald Trump, no sería extraño el desembarco masivo de sitios que traten de implementar algo semejante en las Pampas. El conflicto reciente en torno al Conicet permitió confirmar que las redes sociales no son paraísos idílicos comunicativos, sino que los grupos organizados están presentes tanto en las redes como en las calles (la asimetría en el uso de Twitter en la Argentina ya fue planteado oportunamente en un artículo de Mariano Ure y Martín Parselis). Por lo tanto, no es de extrañar a que en las discusiones políticas de este año que comienza asistamos a la proliferación de sitios, encuestas, “centros de estudios” y perfiles opacos de redes sociales cuyo objetivo será esparcir “noticias truchas” para descalificar adversarios y empastar el debate político, si es que logramos que este pueda al menos esbozarse.

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En la era de la posverdad quien importa es aquel quien fija las reglas

En Estados Unidos, el 2016 fue un antes y un después para los medios

Sobre el cierre del año 2016, de los artículos que destacamos que hagan un resumen del año es uno publicado en Wired. Con el título “2016: The Mainstream Media Melted Down As Fake News Festered” la nota resume lo sucedido en la campaña presidencial en Estados Unidos que mostró la pérdida de influencia de los medios tradicionales y el efecto pervertidor del sistema de las noticias falsas. Para Wired asistimos a un consumo de periodismo de carácter “tribal” fundado en una actitud “militante” (partisan). La decisión del presidente electo Donald Trump de utilizar a Twitter y Facebook para desprestigiar a los medios “institucionales” ha desplazado el escenario del periodismo y la comunicación política. Es de esperar que lo siga haciendo a partir del 20 de enero próximo cuando jure como presidente de Estados Unidos. Según Wired, el año 2016 supuso el desmatelamiento de los medios tradicionales de Estados Unidos. No es poca cosa.

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Para los militantes de Donald Trump, los medios mainstream o “corporativos” quieren controlar al pueblo norteamericano

La Universidad de Bournemouth aporta ideas para analizar el caso Trump

La Universidad de Bournemouth, de Inglaterra, reaccionó rápido frente al torbellino generado por la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. En diez días ofreció una página web donde profesores reconocidos a nivel global ofrecen un breve texto dobre el fenómeno. El trabajo titulado “US Election Analysis 2016. Media, Voters and the Campaign” abre muchas puertas para la reflexión, y es material para futuros papers de congresos, capítulos de libros y, por qué no, libros enteros. Un total de 83 perspectivas multidisciplinarias organizadas en ocho secciones: medios, campaña electoral, políticas públicas, diversidad y división en la sociedad estadounidense, perspectivas externas sobre el fenómeno, campaña electoral digital, cultura popular y populismo, y el futuro que podría devenir a partir del nuevo estado de cosas. Entre quienes publican se destacan, en diferentes campos, BrianMcNair, Jay Rosen, Stephen Reese, Pippa Norris y W. Lance Bennett, por sólo citar algunos.

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Tapa de un trabajo más que interesante

En la elección de Estados Unidos, Facebook quedó en el centro de la controversia

Según el reciente informe de Pew Research, en Estados Unidos Facebook sigue siendo la fuente principal de acceso a las noticias. El 79% de los usuarios de internet del país usan la red social para recibir contenidos periodísticos. Muy lejos por detrás quedan los otros soportes.  Instagram (32%), Pinterest (31%), LinkedIn (29%) y Twitter (24%)  son aquellos que asoman por detrás. Si consideramos que Instagram es controlada por la misma Facebook, es la empresa de Mark Zuckerberg la que tiene una posición de liderazgo en el acceso a noticias vía redes sociales (en el estudio no se incluyó WhatsApp, también controlada por Facebook).

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El dato tiene proyección sobre lo público y lo político a partir del resultado de las elecciones presidenciales donde ganó el candidato republicano Donald Trump. Inmediatamente después de conocido el ganador se desató una polémica sobre la tolerancia de Facebook a aceptar ser el gatekeeper (puerta de entrada) a sitios con noticias falsas, lo cual pudiera haber favorecido al ganador. Facebook salió a desmentir que esto hubiera incidido en el resultado final. BuzzFeed realizó un  informe según el cual el acceso a sitios de noticias dudosas vía Facebook superó al de medios tradicionales en las últimas semanas de campaña.

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La duda quedará pendiendo en el aire. Dan Gillmor, uno de los referentes del periodismo ciudadano en Estados Unidos, considera que las redes sociales como Facebook y Twitter, así como buscadores como Google, debieran ofrecer ya dispositivos que favorezcan la práctica de Media Literacy por parte de los públicos. Media Literacy, de difícil traducción al castellano, supone que el público tenga un  rol activo en la elección y comprensión de las noticias y pueda comparar entre versiones diferentes. Esto es, tener una  actitud crítica y de sospecha frente a los contenidos de los medios. En la instrumentalización de lo que el politólogo Robert Dahl llamó “fuentes alternativas de información”, uno de los pilares de una democracia desarrollada o poliarquía. Esto requiere una mayor compromiso ciudadano, que al menos en Estados Unidos,  no cubre a una porción importante de la población que se abstuvo de participar en la elección.