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Cómo es el consumo de noticias digitales en la Argentina

El Reuters Institute de la Universidad de Oxford acaba de publicar su informe anual sobre las noticias en el campo digital (Reuters Institute Digital News Report 2017). El informe es extenso e incluye datos a nivel global. Dada la enorme cantidad de datos en este caso nos focalizaremos en el caso argentino. En primer lugar, la Argentina es un país donde la suscripción por contenidos periodísticos tiene baja presencia frente a casos como Noruega o Suecia, pero se encuentra en los mismos niveles que Francia, Alemania o Gran Bretaña.

Los públicos de los países de América Latina están al tope en cuanto a compartir noticias. Chile y Brasil están al tope, mientras que Argentina y México les siguen de cerca.

El público argentino es el que menos confianza tiene en las noticias entre los países latinoamericanos considerados. Asimismo,es el país donde se percibe que las noticias están más influenciadas por la política y las empresas.

En cuanto al dispositivo usado para acceder a las noticias, la Argentina junto con Brasil son los países que prefieren una computadora. La Argentina es el país en el cual menos se utiliza un smartphone para informarse.

En cuanto al consumo de medios “tradicionales” se destacan las marcas del Grupo Clarín (TN Todo Noticias, Clarín, Radio Mitre).

La posición del consumo de medios del mismo grupo es más sólida en cuanto noticias digitales. es interesante que aquí asoman tanto portales globales como regionales del Interior de la Argentina.

En cuanto al consumo de noticias el campo online en su totalidad – incluye redes sociales – está al tope. Le siguen las redes sociales, la televisión, la prensa gráfica y la radio en ese orden.

Finalmente, Facebook es la red social domimante en el país, tanto para el consumo de noticias, como para interacción en general.

En la política de Brasil, las redes sociales ya pelean el campeonato de influencia

Por primera vez en el Brasil, las redes sociales compiten mano a mano con los medios institucionales en cuanto a influencia en el campo político. Según una encuesta de la consultora Ibope difundida en el día de la fecha, las redes sociales encabezan junto a los medios de comunicación como canales que influyen en la decisión del ciudadano sobre quién sería el candidato a presidente en las elecciones de 2018. Esto es de sumo interés dada la influencia histórica que han tenido las grandes cadenas de televisión sobre la política del país. El informe de Ibope muestra el siguiente cuadro:

Ya en octubre de 2016, el informe anual de Latinobarómetro mostraba la considerable influencia en el Brasil de las redes sociales como vehículo de comunicación política. En este  sentido acompaña a los países de la región.

 

El New York Times y The Economist denuncian como monopolios a los grandes de Internet

La demanda de los medios periodísticos comienza a hacer ruido. The New York Times primero y The Economist después han lanzado el reclamo de denunciar como monopolios a los grandes actores de Internet. En particular, los apuntados son Google y Facebook, quienes son los que atrapan el grueso del ingreso publicitario de los medios informativos. Tanto The New York Times como The Economist han publicado sendos artículos en los cuales sostienen que la situación actual de los gigantes de los datos es similar a las compañías petroleras y las telefónicas a comienzos del siglo XX. Por lo tanto, ambos medios recomiendan implementar regulaciones antimonopólicas que supongan eliminar la condición dominante de tales empresas. Las cuestiones que asoman en el horizonte es el daño a la economía (reducción de a competencia) y a la innovación que generan los monopolios. A esto se suma por parte de las empresas la poca transparencia en la comunicación a los usuarios sobre la disponibilidad de los datos que recolectan. Finalmente, aparece en el horizonte el impacto que tienen semejantes empresas sobre el sistema democrático, en particularpor el uso de algoritmos que orientan el tipo de medios y contenidos periodísticos a ser acercados a los ciudadanos. The Economist propone cambiar la lógica delas regulaciones antitrust, ya que las existentes están fundadas en un criterio “industrial” y están desactualizadas. La presión es fuerte. Se vienen meses donde esta tensión entre los productores de contenidos periodísticos y las empresas de Internet se hará más aguda. Este es sólo un incidente más de un conflicto que se vuelve más profundo.

La tapa de The Economist

El nuevo ecosistema de la comunicación política de Estados Unidos

No son los algoritmos de Facebook o Twitter, sino la existencia de un ecosistema paralelo de propaganda, en el sentido anglosajón del término. No hay fake news, sino una variante nueva de un dispositivo de comunicación con pretensiones manipulativas. Estas son las conclusiones generales de la investigación desarrollada por Yochai Benkler, Robert Faris, Hal Roberts y Ethan Zuckerman con relación a la circulación de contenidos periodísticos durante la campaña presidencial en Estados Unidos el año pasado. El trabajo, basado en contenidos en Facebook y Twitter, muestra que lo que asoma como novedoso es un sistema de comunicación que cohabita en paralelo con el sistema de medios “tradicional”. Por lo tanto, no hay fake news (noticias falsas), sino directamente un sistema solar paralelo que difunde contenidos propagandísticos. El “sol” de sete nuevo ecosistema es Breitbart News, el portal de noticias de Stephen Bannon. El trabajo muestra que no hay grandes cambios en el modo de hacer política en Estados Unidos, ya que el patrón de comunicación política responde a los parámetros considerados por Richard Hofstadter en “The Paranoid Style in American Politics” (El estilo paranoico en la política norteamericana). Lo novedoso es que este nuevo sistema convive con el tradicional. Esto es algo que los medios y el periodismo deben tener en cuenta.

Sitios de noticias por orientación ideológica y por tamaño en Twitter

Ecosistemas de contenidos noticiosos en Estados Unidos a partir de Twitter

Para reforzar visiones previas, Twitter es una gran ayuda

Twitter es una cámara de resonancia en el plano de la información periodística y la comunicación política. Eso es lo que sostiene una investigación desarrollada en Gran Bretaña por la consultora Demos a lo largo del año 2016, que es por demás aclarar que tuvo un fuerte contenido político a nivel global, quizás el mayor desde el comienzo de la caída de la Unión Soviética y el fin del socialismo real en la mayor parte del Este de Europa. El estudio liderado por Alex Krasodomski-Jones partió de una muestra de algo más de 2000 cuentas de Twitter de británcos. Los usuarios de Twitter en el Reino Unido tienden a interactuar con otros que comparten sus ideas políticas así como distribuir información que retroalimenta sus ideas. El informe muestra que a mayor radicalización política del usuario, mayor tendencia a tener una actitud centrífuga en Twitter. En vez de seguir el viejo postulado de Anthony Downs según el cual las posiciones políticas de partidos y votantes tienden a buscar el centro cuando la información acerca de lo público es poco costosa – como es el caso de las redes sociales. En Twitter se observa que las personas con posiciones que tienden a su radicalización estimulan esta acción. Este estado de cosas se da en un contexto donde los medios mainstream (“institucionales”) tienen cada vez menor influencia. El estudio supone una objeción seria acerca de que las redes sociales promuevan el diálogo y el alcance de consensos en la sociedad, al mismo tiempo que fomentan los compartimentos estancos. El trabajo final puede verse aquí.

demos-twitter-echo-chamber-1Usuarios de Twitter tienden a distribuir noticias acorde a su perspectiva política

demos-twitter-echo-chamber-2Usuarios de Twitter tienden a reenviar tuits que refuerzan su posición política

“Fake News/Noticias Truchas”: su probable desembarco en un año electoral

La victoria del republicano Donald Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses arrastró como un dato sobresaliente la existencia de las llamadas “fake news” o noticias falsas. Supuestamente, la proliferación de estas “fake news” en las redes sociales por parte de los republicanos  – o de un sector duro de ellos – tenía como finalidad esparcir noticias que desprestigiaban a los candidatos demócratas, a figuras del ideario progresista (“liberal“), o bien a los “blancos” del discurso de Trump (hispanos, musulmanes, etc.). El sitio de noticias que estuvo – y está en el tapete – es Breitbart News, el mascarón comunicativo del sector denominado “derecha alternativa” (Alternative Right o Alt Right). Mucho se ha escrito sobre el tema. Desde el momento que la proliferación de estas noticias falsas afectan las condiciones en que un ciudadano toma sus decisiones en el contexto de una sociedad democrática, se ha intentado subsanar el problema. Una de las vertientes es identificar a las así denominadas “fake news. Así, un visión “optimista” asume que hay pasos para tratar de chequear si la noticia es creíble: que el medio sea reconocido por su calidad periodística, que figure el nombre del autor del artículo, si la calidad del dieño de la página online es sólida, si hay perspectivas contrapuestas en el artículo, por citar algunos recomendables. Otra vertiente “optimista”, pero de caracter activo plantea minar de base la economía de los sitios de noticias falsas. Una estrategia para ello es hacer capturas de pantalla donde el banner del anunciante esté junto a la noticia falsa, preferentemente donde el margen de duda de incitación al odio sea mínimo; luego, enviarla imagen de la empresa o difundirla por redes sociales cosa que afecte el valor de marca de la misma. Esto supone un grado de activismo no menor en el cual difícilmente ingrese el ciudadano corriente. En Estados Unidos lo realiza el grupo activista Sleeping Giants. Las versiones “pesimistas” pasan por considerar que el supuesto iluminista de una sociedad democrática que permita la emancipación de sus ciudadanos a la Jürgen Habermas, es sólamente considerable en el plano normativo, pero que es extremadamente improbale de ser reconocible en una sociedad done los grupos se apretujan entre sí para imponer al juego mazos de cartas marcadas. Esta perspectiva plantea si hemos llegado al fin del periodismo “profesional”, ya que el flujo de la comunicación está marcado inexorablemente por la adscripción partidaria, lo “militante”, lo “partisan. Estaríamos en el mundo de la posverdad, donde toda afirmación es cuestionable, donde no existe condiciones de diálogo ya que todo enunciado en definitiva puede no ser cuestionado. Es el mundo Humpty Dumpty – el huevo parlanchín sentado en su muro, donde lo que prima quien es el que da sentido a las palabras del Jabberwocky. Así, no hay enunciado que tenga autoridad a partir de cierto marco de normas producto de un nivel apreciable de consenso ni grupo legítimo que pueda sostener una argumentación: cualquier cosa es falsa y no lo es, ya que no hay patrones consensuados para contrastar lo afirmado. Todo “hecho” puede reclamar la postulación de su “hecho alternativo”, casi como una partícula puede tener su antipartícula, poniendo bajo tensión los límites del pluralismo político.

En la Argentina comienza un año electoral. En vista de lo “exitoso” del experimento comunicacional implementado por Donald Trump, no sería extraño el desembarco masivo de sitios que traten de implementar algo semejante en las Pampas. El conflicto reciente en torno al Conicet permitió confirmar que las redes sociales no son paraísos idílicos comunicativos, sino que los grupos organizados están presentes tanto en las redes como en las calles (la asimetría en el uso de Twitter en la Argentina ya fue planteado oportunamente en un artículo de Mariano Ure y Martín Parselis). Por lo tanto, no es de extrañar a que en las discusiones políticas de este año que comienza asistamos a la proliferación de sitios, encuestas, “centros de estudios” y perfiles opacos de redes sociales cuyo objetivo será esparcir “noticias truchas” para descalificar adversarios y empastar el debate político, si es que logramos que este pueda al menos esbozarse.

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En la era de la posverdad quien importa es aquel quien fija las reglas

En Estados Unidos, el 2016 fue un antes y un después para los medios

Sobre el cierre del año 2016, de los artículos que destacamos que hagan un resumen del año es uno publicado en Wired. Con el título “2016: The Mainstream Media Melted Down As Fake News Festered” la nota resume lo sucedido en la campaña presidencial en Estados Unidos que mostró la pérdida de influencia de los medios tradicionales y el efecto pervertidor del sistema de las noticias falsas. Para Wired asistimos a un consumo de periodismo de carácter “tribal” fundado en una actitud “militante” (partisan). La decisión del presidente electo Donald Trump de utilizar a Twitter y Facebook para desprestigiar a los medios “institucionales” ha desplazado el escenario del periodismo y la comunicación política. Es de esperar que lo siga haciendo a partir del 20 de enero próximo cuando jure como presidente de Estados Unidos. Según Wired, el año 2016 supuso el desmatelamiento de los medios tradicionales de Estados Unidos. No es poca cosa.

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Para los militantes de Donald Trump, los medios mainstream o “corporativos” quieren controlar al pueblo norteamericano